Todo tiene su comienzo. 2009, en Sangolquí, un pequeño y humilde pueblo, con gente trabajadora y que supo soñar en grande. Con esos ideales de su gente, surgió un proyecto deportivo, El Independiente. El equipo que cambiaría todo, un club diferente, y así empezaba esta historia, cuando surgió un equipo que estaba destinado a llegar a lo más alto.

Pasaron los años y se cosechaba un futuro prometedor para los rayados, que con humildad y esfuerzo empezaban a llenar su palmarés de trofeos internacionales y juveniles. Sin embargo, faltaba el ansiado Torneo Nacional de la Liga Pro. Hasta que un día el destino le pondría tal vez, el que sería su más grande desafío desde el primer día de su historia. Independiente jugaría su primera final nacional, y que mejor que contra Emelec, que buscaba su estrella número 15, y jugaba en su estadio, el George Capwell que latía cada minuto con el grito de su hinchada. Así y con este panorama Independiente querría escribir una nueva página que tenía un solo objetivo, consagrarse campeón. 
 
Vaya que no sería fácil, la atmósfera en la ciudad de Guayaquil era inigualable, un estadio lleno para que Emelec en casa pudiera una vez más ser campeón del Ecuador, pero el destino tenía otros planes para Independiente. 
 
Aquella noche caería la lluvia en Guayaquil, lo que ya era señal de que esta podría ser la noche de los del Valle, solo sus verdaderos fans sabrán que noche de lluvia es noche de Independiente. Esta no fue la excepción, Independiente se mostró sólido en su juego, con ideas claras y sabiendo contrarrestar a un rival fuerte que buscaba remontar en el resultado, pero llegaría el silbatazo final y con ello, la locura total en la banca de suplentes de los visitantes que por primera vez en su historia fueron campeones del Ecuador y resaltando dónde y contra quien lo hicieron. 
 
Ya con el título en sus brazos, Independiente volvió a Sangolquí, a donde comenzó todo. Y fueron esas mismas personas las que vieron nacer a este equipo las que hoy están celebrando que por fin tienen su merecida estrella nacional. Y es que este equipo ha hecho las cosas bien desde afuera de la cancha, con honestidad, esfuerzo y humildad que lo llevaron a lo más alto y sobre todo a poder ganarse el respeto de todo el país, porque no es sorpresa para nadie que Independiente es el equipo formativo que más joyas y promesas saca al extranjero y que después se convertirán en figuras de la selección ecuatoriana. 

Lo que hace poco había nacido con una idea que soñaba en grande, hoy se plasmó en resultados concretos y que le dan la felicidad a todo el Ecuador, porque este club es el ejemplo de qué haciendo las cosas bien desde arriba en la dirigencia, se puede alcanzar la cima. De esta forma se cumpliría la profecía: “Futuro campeón del Ecuador”. Lo sé, parece que esto solo podría suceder en un cuento de hadas, pero pregúntenle a Independiente, que desde el primer día escribió su historia de una manera diferente.